La Vida en una  Isla

La belleza de los Roques obviamente aparte de sus escenarios naturales; es la entrega y amabilidad de la gente. Su manera de vivir y llevar el ritmo diario es muy interesante.

Al salir el flamante sol, en medio de la tranquilidad y serenidad del oleaje del mar se puede escuchar el buen sonido de las aves alrededor de toda la isla. Un ambiente que no solo es agua, arena y sol. Es un pueblo lleno de vidas que no cambian a su archipiélago por nada del mundo, se sienten orgullosos de ser lo que son y de haber nacido allí.

La felicidad de los niños brota a flor de piel, cantan el himno nacional y van a su pequeña escuela. En las tardes salen a compartir con sus amiguitos y bañarse a la orilla de la playa. ¡¡¡Que sabroso!!!

El deporte lo practican desde pequeños, sea futbol, bolas criollas o básquet, ha sido el primer destino donde vimos que la tecnología aun no es lo mas importante. Una felicidad natural, sana y contagiosa.

No hay universidades, por lo tanto, al salir del bachillerato, los jóvenes deciden si quedarse en la isla o seguir alguna otra parte del país para desarrollarse.

Por ser una isla el costo de la vida no es el más económico, pero en medio de eso, la gente vive tranquila. Una de las expresiones de uno de los nativos que más nos llamó la atención fue: “Aquí en nuestro paraíso pescamos y comemos… de hambre no nos moriremos!!! El pescado que se come en los roques es tan delicioso que nosotros lo comeríamos también todos los días. La gastronomía es excelente y recomendada.

En esta pequeña isla también existen las llamadas bodegas, una farmacia, una carnicería y un centro asistencial en caso de alguna emergencia médica y al fondo un cementerio en caso de fallecimiento.

Es muy fácil recorrerla a pie de punta a punta y hacer una visita al faro y a la cruz. Tomar muchas fotos y sentir la fuerte brisa. Desde allí la vista es muy hermosa, se puede ver la división del archipiélago con el otro extremo que es mar abierto completamente.

Necesidades y sentido de pertenencia

Cualquier requerimiento que necesiten alguna de las posadas y no se tenga en la isla, son pedidos en la capital, lo que conlleva esperar que lleguen algunas lanchas con la solicitud muchos días después. Ese es uno de los impedimentos al recurrir a algo, que incluye a veces hasta los alimentos o medicinas.

Aunque la mayoría de los dueños de las posadas son italianos, los servicios son atendidos por venezolanos, con gran vocación en el servicio y siempre dispuestos ayudar.

La mayoría de los que nacieron acá son de familia que a su vez son de la Guaira y Margarita… lugares de costa, lo que los hace más amantes de los roques… es como un imán del cual no te puedes despegar. El sentido de pertenencia que tienen es impresionante y nos encantó eso.

Los roqueños cuidan y aman su paraíso, por lo tanto, no hay inseguridad, pueden caminar con sus cámaras o teléfonos tranquilamente. Viven del turismo y lo valoran. Por eso no tengan miedo de venir a este rincón de Venezuela e irse enamorado y siempre con ganas de volver.